Jesús vino con una tarea muy especial
El Espíritu Santo: Dios con nosotros
Jesús vino con una tarea muy especial: buscar y salvar todo lo que se había perdido.
Pero antes de irse, les explicó a sus discípulos que no los dejaría solos. Él enviaría al Espíritu Santo, quien estaría con ellos y también con nosotros.
“Es necesario que yo me vaya para que Dios les mande al Consolador.”
Juan 16:7
El Espíritu Santo no es simplemente una fuerza o una emoción. Es Dios presente y obrando en nosotros.
Por eso podemos pedirle a Dios, como dice el salmista:
“Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios. Que tu buen Espíritu me lleve hacia adelante.”
Salmos 143:10
Pero, ¿qué hace el Espíritu Santo dentro de nosotros?
El Espíritu Santo nos regenera
Para comenzar una nueva vida con Dios necesitamos nacer de nuevo.
El Espíritu Santo produce esa transformación en nosotros. No se trata solamente de cambiar algunas conductas, sino de recibir una nueva vida que viene de Dios.
Así como Jesús habló de la necesidad de nacer de nuevo, nosotros también necesitamos que el Espíritu Santo transforme nuestro interior.
La vida cristiana no consiste solamente en intentar ser mejores por nuestros propios medios. Es permitir que Dios haga una obra nueva en nosotros.
El Espíritu Santo habita en nosotros
El Espíritu Santo no solamente viene a visitarnos: habita en nosotros.
“¿No saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que recibieron de parte de Dios?”
1 Corintios 6:19
Nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo.
Esto cambia la manera en la que vemos nuestra vida. Dios no está lejos: su Espíritu vive en nosotros y nos ayuda a reconocer a Jesús como nuestro Señor.
Tener al Espíritu Santo habitando en nosotros significa que nunca estamos solos en nuestro caminar con Dios.
El Espíritu Santo nos da seguridad de la salvación
A veces podemos tener dudas, inseguridades o preguntarnos si realmente pertenecemos a Dios.
Pero el Espíritu Santo es una garantía de lo que Dios ha prometido.
“El Espíritu Santo es la garantía de nuestra herencia hasta que lleguemos a poseerla.”
Efesios 1:14
Dios nos dio su Espíritu como una señal de que le pertenecemos y de que cumplirá sus promesas.
Nuestra salvación no depende solamente de cómo nos sentimos cada día. Dios es quien sostiene su promesa.
El Espíritu Santo nos llena
Una cosa es que el Espíritu Santo habite en nosotros y otra es vivir llenos del Espíritu Santo.
Pablo nos enseña:
“No se emborrachen con vino, que lleva al desenfreno. Al contrario, sean llenos del Espíritu.”
Efesios 5:18
Ser llenos del Espíritu significa permitir que Él tenga cada vez más influencia sobre nuestra manera de pensar, hablar, actuar y decidir.
En Hechos 2:4, los discípulos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar según el Espíritu les daba que hablaran.
El Espíritu Santo nos da valor para compartir la Palabra de Dios y vivir nuestra fe en todo momento y lugar.
No se trata solamente de tener al Espíritu Santo, sino de permitir que Él nos llene y transforme nuestra vida continuamente.
El Espíritu Santo nos guía
Todos los días tomamos decisiones.
Algunas parecen pequeñas y otras pueden cambiar muchas cosas de nuestra vida. En medio de ellas, no tenemos que depender solamente de nuestro propio criterio.
“Por eso les digo: dejen que el Espíritu Santo los guíe en la vida. Entonces no se dejarán llevar por los impulsos de la naturaleza pecaminosa.”
Gálatas 5:16
El Espíritu Santo quiere guiarnos.
Pero para seguir su dirección necesitamos estar dispuestos a escuchar y obedecer.
No se trata de hacer siempre lo que nosotros queremos y después pedirle a Dios que lo apruebe.
Se trata de decir:
“Dios, quiero que seas vos quien guíe mis decisiones.”
El Espíritu Santo nos unge
La unción tiene que ver con la obra y el poder del Espíritu Santo sobre nuestra vida para cumplir aquello que Dios nos llama a hacer.
“Pero ustedes han recibido al Espíritu Santo, y él vive dentro de ustedes, así que no necesitan que nadie les enseñe lo que es verdadero.”
1 Juan 2:27
El Espíritu Santo nos ayuda a conocer la verdad y nos capacita para servir a Dios.
Nos ayuda a:
Conocer y comprender la Palabra.
Compartir y enseñar lo que Dios nos enseña.
Servir de acuerdo con los dones y capacidades que Dios nos dio.
Cumplir aquello para lo que fuimos llamados.
No tenemos que pensar que necesitamos tenerlo todo resuelto para servir a Dios.
El Espíritu Santo es quien nos capacita.
El Espíritu Santo nos da poder
Jesús dijo:
“Pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes; y serán mis testigos, y le hablarán a la gente acerca de mí por todas partes.”
Hechos 1:8
El Espíritu Santo nos da poder para vivir nuestra fe y ser testigos de Jesús.
Nos ayuda a mantenernos firmes frente a las dificultades, a vencer aquello que intenta alejarnos de Dios y a cumplir la obra que Él nos encomendó.
Gálatas 5:17-23 muestra el contraste entre vivir dominados por nuestros propios deseos y vivir guiados por el Espíritu. Cuando permitimos que el Espíritu Santo gobierne nuestra vida, comienza a verse en nosotros su fruto: amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio.
No se trata de tener una vida perfecta.
Se trata de permitir que el Espíritu Santo siga transformándonos.
¿Estamos dejando que el Espíritu Santo nos guíe?
El Espíritu Santo quiere obrar en nuestra vida.
Quiere transformarnos, habitar en nosotros, darnos seguridad, llenarnos, guiarnos, capacitarnos y darnos poder para vivir para Jesús.
Pero también tenemos que tomar una decisión: permitirle que lo haga.
Podemos conocer acerca del Espíritu Santo y, aun así, no dejar que Él dirija nuestras decisiones.
Por eso, hoy podemos preguntarnos:
¿Estoy dejando que el Espíritu Santo guíe mi vida?
¿Estoy escuchando su dirección o solamente hago lo que yo quiero?
¿Estoy permitiendo que Él transforme mi manera de pensar y actuar?
Tomemos la decisión de seguir a Jesús y permitir que el Espíritu Santo habite y obre en nosotros.
Porque cuando el poder del Espíritu Santo está obrando en nuestra vida, podemos avanzar incluso en medio de nuestras decisiones, dificultades y desafíos.
No tenemos que hacerlo solos.
El Espíritu Santo está con nosotros.

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