¿Busco a Dios cuando lo necesito o porque lo necesito en mi vida?
TOMANDO DECISIONES
Cada día que comienza es una nueva oportunidad, pero también puede traer nuevas pruebas.
Aunque organicemos nuestro día y tengamos todo planeado, siempre puede aparecer una circunstancia, un problema o una situación inesperada que cambie nuestros planes. Y a veces no se trata solamente de un día difícil: pueden ser varios días en los que las cosas no salen como esperábamos.
Eso puede llevarnos a terminar frustrados, cansados o desanimados.
Muchas veces, cuando algo sale mal, nuestra primera reacción es preguntarnos:
“¿Por qué me está pasando esto?”
Buscamos culpables, nos enojamos con los demás o pensamos que todo debería haber salido de otra manera.
Pero quizás también necesitamos detenernos y preguntarnos:
¿Qué estoy haciendo yo?
¿Hay algo que Dios quiere enseñarme en medio de esta situación?
Nuestros planes y los planes de Dios
Muchas veces seguimos adelante tomando decisiones según lo que creemos que es correcto o según lo que nosotros queremos.
Armamos nuestros propios planes pensando en cómo queremos que sea nuestra vida y esperamos que todo suceda de esa manera.
Pero, ¿los planes de Dios siempre se parecen a los nuestros?
No necesariamente.
Los planes de Dios pueden incluir pruebas, dificultades y momentos en los que tengamos que tomar decisiones difíciles.
Eso no significa que Dios quiera hacernos sufrir.
Muchas veces, esas situaciones son parte del proceso que Él utiliza para hacernos crecer, enseñarnos a confiar y evitar que nos quedemos estancados.
La pregunta entonces no debería ser solamente:
“¿Qué quiero hacer?”
Sino también:
“¿Qué quiere Dios que haga?”
Dios nos sostiene cuando tenemos que decidir
“Pues yo te sostengo de tu mano derecha; yo, el Señor tu Dios, te digo: ‘No tengas miedo, yo estoy aquí para ayudarte’.”
Isaías 41:13 NTV
Tomar decisiones puede dar miedo.
A veces no sabemos qué va a pasar después, y podemos sentirnos inseguros sobre si estamos eligiendo correctamente.
Pero si buscamos a Dios y ponemos nuestras decisiones delante de Él, podemos confiar en que no estamos solos.
También tenemos que aprender a aceptar que no siempre las cosas van a salir como nosotros queremos.
Dios sabe cuándo es el momento correcto, cuándo decir que sí, cuándo decir que no y hasta dónde podemos llegar.
Por eso, cuando una puerta se cierra o un plan no sale como esperábamos, no significa necesariamente que todo salió mal.
A veces simplemente significa que Dios está guiando nuestro camino de una manera diferente a la que nosotros habíamos imaginado.
¿En qué estamos poniendo nuestra mirada?
“El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la fortaleza de mi vida, ¿quién podrá hacerme temblar?”
Salmos 27:1 NTV
Cuando enfrentamos una situación difícil, podemos concentrarnos tanto en el problema que terminamos olvidándonos de quién está con nosotros.
Podemos mirar tanto al “gigante” que tenemos delante que dejamos de mirar a Dios.
Por eso:
Si nos concentramos en los gigantes, caeremos.
Si nos concentramos en Dios, los gigantes caerán.
No significa que los problemas desaparezcan automáticamente.
Significa que nuestra perspectiva cambia.
El problema sigue ahí, pero ya no lo enfrentamos solos.
¿Cómo estamos tomando nuestras decisiones?
Quizás hoy necesitamos detenernos un momento y mirar nuestra vida.
¿Cómo estoy?
¿Cómo está mi entorno?
¿Qué estoy haciendo?
¿Hacia dónde estoy yendo?
¿Qué decisiones estoy tomando?
Y, sobre todo:
¿El Señor está presente en esas decisiones?
Porque podemos pedirle a Dios que bendiga nuestros planes, pero también necesitamos estar dispuestos a cambiar nuestros planes para seguir los de Él.
Tomar decisiones con Dios no significa que nunca vamos a equivocarnos.
Significa que aprendemos a buscar su dirección antes de avanzar.
Nada puede separarnos de su amor
“Nada podrá jamás separarnos del amor de Dios. Ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni nuestros temores de hoy ni nuestras preocupaciones de mañana. Ni siquiera los poderes del infierno pueden separarnos del amor de Dios.”
Romanos 8:39 NTV
Podemos atravesar dificultades.
Podemos equivocarnos.
Podemos tomar decisiones que después lamentemos.
Podemos tener días en los que no entendamos qué está haciendo Dios.
Pero hay algo que no cambia:
Su amor por nosotros.
Ninguna dificultad, problema o circunstancia tiene el poder de alejarnos de su amor.
Por eso, antes de tomar una decisión, antes de reaccionar ante un problema o antes de frustrarnos porque las cosas no salieron como esperábamos, podemos detenernos y preguntarnos:
¿Estoy dejando que Dios sea parte de esta decisión?
¿Estoy buscando su voluntad o solamente haciendo lo que yo quiero?
¿Qué está intentando enseñarme Dios en medio de esto?
No siempre vamos a entender el camino.
Pero podemos confiar en quien conoce el camino.
Tomar decisiones con Dios también es aprender a confiar en Él cuando la respuesta no es la que esperábamos.

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