La presión de encajar, ¿A quien queremos agradar mas?


  A veces la vida se siente como una competencia de ver quién cumple más expectativas. Y ahí es donde entra el tema que quiero que exploremos hoy: la presión de encajar.


1 Juan 2:15-17
"No amen al mundo ni nada de lo que hay en él. Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque nada de lo que hay en el mundo —los malos deseos de la carne, la codicia de los ojos y la arrogancia de la vida—, proviene del Padre, sino del mundo. El mundo se acaba con sus malos deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre."

Siendo sinceros, ¿Quién acá no sintió alguna vez esa cosquilla, a veces hasta un empujón fuerte, para hacer o decir algo solo para sentir que pertenece al grupo?. (Seguro a mas de uno nos paso)

Imaginen esta escena: están con sus amigos y de repente todos empiezan a hablar de una serie que no vieron, o empiezan a usar una forma de hablar que no entienden o que no usan. ¿Qué hacen? ¿Se quedan callados sintiéndose un poco "out"? ¿O quizás se meten en la conversación fingiendo que saben de qué hablan para no quedar afuera? (Eso es la presión de encajar en acción)

La "presión de encajar" es esa sensación que a veces sentimos de que necesitamos ser o hacer ciertas cosas para ser aceptados por un grupo de personas. Puede ser un grupo de amigos, compañeros de clase, incluso a veces dentro de la iglesia.

Pero, ¿por qué nos pasa esto?

Creo que en el fondo, todos tenemos esa necesidad de sentirnos aceptados, de ser parte de algo. Dios nos creó para vivir en comunidad, queremos sentirnos queridos, valorados por los que nos rodean. Y eso es algo bueno.

El problema viene cuando esa necesidad de encajar nos lleva a dejar de ser nosotros mismos, a esconder lo que realmente pensamos o sentimos, o hasta a hacer cosas que sabemos que no están bien solo para que los demás nos aprueben.

Y acá es donde entra nuestra fe.

Como seguidores de Jesús, nuestra principal identidad no está en lo que los demás piensan. Nuestra identidad está en Cristo. Él nos ama tal como somos, con nuestras virtudes y nuestros defectos. Él ya nos aceptó incondicionalmente.

Entonces, la pregunta es: ¿a quién queremos agradar más? ¿A la gente que nos rodea, que cambia de opinión como cambia el clima? ¿O a Dios, cuyo amor por nosotros es constante y eterno?

No estoy diciendo que tenemos que ser bichos raros y aislarnos de todos. Jesús mismo compartió con mucha gente diferente. Pero sí creo que tenemos que ser conscientes de cuándo esa presión de encajar nos está llevando por un camino que no es el que Dios quiere para nosotros.

1 Samuel 16:7 (NVI): "Pero el Señor le dijo a Samuel: No te dejes impresionar por su apariencia ni por su estatura, pues yo lo he rechazado. La gente se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón."  
Esto nos recuerda que Dios mira mucho más allá de lo que los demás ven. Él se enfoca en nuestro corazón, en nuestra esencia. La presión de encajar a menudo nos lleva a preocuparnos demasiado por las "apariencias", por lo que los demás ven de nosotros, en lugar de enfocarnos en lo que Dios ve.

Gálatas 1:10 (NVI): "¿Qué busco con esto: ganarme la aprobación de la gente o la de Dios? Si todavía estuviera tratando de agradar a la gente, no sería siervo de Cristo."
Este versículo es directo al punto. Pablo nos plantea una pregunta: ¿a quién estamos tratando de agradar? Si nuestra prioridad es la aprobación de los demás, nos desviamos de nuestro propósito como seguidores de Cristo. La presión de encajar a menudo nos pone en estas situaciones.

Romanos 12:2 (NVI): "No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta."  
Nos anima a no "amoldarnos" a los patrones de este mundo, a no dejarnos moldear por las presiones de los demás. En cambio, debemos dejar que Dios transforme nuestra manera de pensar para poder discernir su voluntad. La presión de encajar a menudo nos empuja a "amoldarnos" a lo que esta de moda o aceptado por la mayoría, en lugar de buscar la voluntad de Dios.  

2 Corintios 5:17 (NVI): "Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado lo nuevo!"
Cuando aceptamos a Cristo en nuestro corazón, nos convertimos en nuevas personas. Nuestra identidad principal ya no está definida por lo que el mundo dice de nosotros, sino por nuestra relación con Él. La presión de encajar puede hacernos olvidar esta nueva identidad y volver a buscar aceptación en lugares equivocados.

La perspectiva de Dios es muy diferente a la presión que a veces sentimos. Él no se fija en las apariencias, le importa nuestro corazón. Él nos llama a buscar su aprobación por encima de la de los demás. Él nos anima a no conformarnos a los patrones del mundo, sino a ser transformados por su Espíritu. Y en Cristo, somos una nueva creación, con una identidad firme y segura en su amor.

¿Alguna vez se sintieron presionados a hacer algo en contra de sus valores solo para encajar?
¿Ocultaron alguna vez su fe o sus creencias por miedo a lo que otros pudieran decir?
¿Sienten que tienen que ser perfectos para ser aceptados en algún grupo?

Todos pasamos por eso en algún momento. Pero la buena noticia es que no tenemos que vivir bajo esa presión. Podemos encontrar nuestra seguridad y nuestra identidad en el amor de Dios.

Así que, la próxima vez que sientan esa presión de encajar, pregúntense: ¿a quién estoy tratando de impresionar? ¿Qué es lo que realmente importa al final del día?

¡Anímense a ser ustedes mismos, a brillar con la luz que Dios les dio, sin importar si eso significa ir un poco a contracorriente! Al final, la verdadera aceptación y el verdadero valor vienen de Él.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

En sus manos mis tiempos

Cambios aparentes

Fe e incertidumbre