Cambios aparentes
Que pasaria si al venir a la reunión (jóvenes, domingo, reunion unida) justo piden que nos mezclemos entre todos y armemos grupos. La consigna es que comencemos a orar entre los integrantes del grupo y bendecirnos, el problema es que justo en el grupo que te tocó hay una persona a la que no podes perdonar, que te lastimó o que simplemente te cae mal, y ahora tenes que orar por ella y bendecirla…¿Que harías en esa situación?
Seguramente vas a decidir hacerlo igual, vas a orar y vas a bendecirla como si nada hubiera pasado, pero, ¿Por qué? ¿Por qué oramos por ella? ¿Qué es lo que te motivó a hacerlo? ¿Fue porque la amas? ¿Fue porque te importaba lo que los demás iban a pensar de vos si no lo hacías?
A veces pensamos que el objetivo del evangelio es cambiar nuestras actitudes (exteriores), que es dejar de hacer las cosas malas que antes hacíamos, y comenzar a hacer las cosas buenas (orar, ofrendar, alabar, ir a la reunión), pero en realidad, lo que Dios mira en nosotros, no es nuestro comportamiento, no lo es lo que hacemos o dejamos de hacer, sino la intención con la que hacemos o dejamos de hacer las cosas (interior).
Lucas 16:15 (NTV) “Entonces él les dijo: a ustedes les encanta aparecer como personas rectas en público, pero Dios conoce el corazón. Lo que este mundo honra es detestable a los ojos de Dios”.
Dios no mira tanto si oraste o no oraste por esa persona, sino el porqué lo hiciste. Muchas veces, hacemos las cosas “correctas”, pero con una intención no tan buena. Decidimos orar por esa persona, no porque la amamos en Cristo, sino porque no queríamos que los demás vieran que no lo hacemos, que piensen que no somos los cristianos que aparentamos ser. Pero a la vez, qué pasaría si decidieramos no orar ni bendecir a esa persona? también lo estaríamos haciendo por amor a nosotros mismos. No oramos porque tenemos rencor, dolor, amargura, y decidimos conformarnos con lo que nosotros queremos o sentimos.
Al actuar solo por apariencias, nos estamos amando a nosotros mismos, y al hacerlo, no dejamos que Cristo haga la obra en nosotros. Todos nuestros pecados, desde los más pequeños a los más grandes, son consecuencia de amarnos más a nosotros que a Dios, son consecuencia de buscar saciar las necesidades de nuestro corazón, con cosas del mundo y no con Dios.
1 Corintios 13:3 “Si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve”. Si nuestras acciones cambian, pero nuestros deseos no, entonces nuestro cambio esta siendo un cambio superficial, porque aunque demos todo a los pobres, aunque oremos por esa persona que nos cae mal, si no tenemos amor, si no morimos a nosotros mismos, de nada sirve.
El amarse a si mismo es algo que Pablo le advirtio a Timoteo que iba a pasar, en 2° Timoteo 3; 1-5 “Timoteo, es bueno que sepas que, en los últimos días, habrá tiempos muy difíciles. Pues la gente solo tendrá amor por sí misma y por su dinero. Serán fanfarrones y orgullosos, se burlaron de Dios, serán desobedientes a sus padres y malagradecidos. No considerarán nada sagrado. No amarán ni perdonarán; calumniarán a otros y no tendrán control propio. Serán crueles y odiarán lo que es bueno. Traicionará a sus amigos, serán imprudentes, se llenarán de soberbia y amarán el placer en lugar de amar a Dios. Actuarán como religiosos pero rechazaron el único poder capaz de hacerlos obedientes a Dios. ¡Aléjate de esa clase de individuos!”
Cuántas veces nosotros actuamos así, Pablo está describiendo muchas de nuestras acciones diarias, y nos revela que la base de todas ellas es el amarse a si mismo mas que a Dios. Es muy interesante ver como al final (actuaran como religiosos…) nos recalca que corremos el riesgo también de convertirnos en estas personas porque los nombra como “Falsos religiosos” al rechazar lo que nombra como “El único poder capaz de hacerlos obedientes” que sería Cristo.
Entonces ¿Como hago para ser eso que Dios quiere? Tenemos que entender que nosotros nunca vamos a lograr la santidad por nuestra propia cuenta, somos humanos y tenemos la tendencia a pecar, eso solo se remedia a través de Cristo. Aunque a veces parezca un logro inalcanzable, que nos miremos a nosotros mismos y parezca que no vamos a poder, la salida está, porque como dice Pablo, en el versículo 5, el único poder que puede hacer que obedezcamos a la palabra de Dios siendo pecadores es Cristo.
En colosenses 1;26-27 Este mensaje se mantuvo en secreto durante siglos y generaciones, pero ahora se dio a conocer al pueblo de Dios. Pues él quería que su pueblo supiera que las riquezas y la gloria de Cristo también son para ustedes, los gentiles. Y el secreto es: Cristo vive en ustedes. Eso les da la seguridad de que participarán de su gloria.
Lo que Cristo vino a hacer en esa cruz fue revelar el misterio que estuvo oculto, que es, que Cristo vive dentro nuestro, pero para que esto suceda es necesario morir y resucitar junto a Él, así como nos da a entender Pablo en Colosenses 3; 1-3 Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.
Acá se entiende que necesitamos morir a nosotros para que sea Cristo actuando a través nuestro, por eso al inicio dice “Si resucitamos”, es que se refiere a que ya tuvimos que haber muerto, porque si no lo hacemos nunca vamos a poder tener el cambio verdadero.
Colosenses 1;28-29 a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí.
Aca nos habla de que es posible cambiar, y que Pablo lo logró gracias a lo que él llama la potencia le da Dios, que actúa poderosamente en él, porque él solo no podría soportar todo lo que pasó. Este poder es el mismo que hablamos en 2° Timoteo 1;5. El es el único que puede perfeccionarnos.
Este proceso así como lo vemos en la vida de Pablo, conlleva sufrimiento, el morir a nosotros mismos, implica renunciar a nuestros deseos para cumplir la voluntad de Dios.
Colosenses 1;24 Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia.
2° Timoteo 2; 1-5 Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús. Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros. Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente.
El amor en Cristo también nos lleva a sufrir (1° Corintios 13), vamos a tener que hacer cosas que no nos agraden y dejar de buscar las cosas del mundo que sabemos que no le agradan a Dios. Si vamos a querer llegar a la meta amándonos a nosotros mismos, el premio no va a servirnos de nada, como el ejemplo que nos da Pablo del atleta.
Conclusión:
Cristo vino a la tierra a demostrarnos que no el que mejor haga las cosas, o mejor se vista o más sepa de la biblia va a ser salvo, sino aquel que viva en El.
Los cambios verdaderos solo se pueden dar a través de los frutos, un escritor llamado Nicolas Tranchini dice “Fruto es todo lo que Cristo desea producir en una persona y todo lo que solo él es capaz de producir en una persona”.
Juan 15; 1-5 Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.
Sin Él no podemos cambiar, El es el único capaz de generar un cambio en nosotros, solos nada podemos hacer. Él tiene que darme el poder para producir frutos, la capacidad para vivir de una forma que yo no puedo.
Si mañana te despertas sin el espíritu santo ¿Te darías cuenta? ¿Se daría cuenta tu familia? ¿Notaran tus amigos que perdiste a Dios? ¿Te preguntaran en el trabajo/escuela/universidad que te ha pasado y porque sos una persona tan distinta?
Tranquilamente podríamos vivir sin Cristo, podríamos ir al trabajo, venir a la iglesia, levantarnos, hacer deporte, etc, incluso los ateos lo hacen o hacen acciones que parecen ser muy buenas, pero lo que Jesus dice en Juan 15, es que, sin Él podemos hacer acciones buenas, pero no podemos hacer nada con amor puro y real.
2° Timoteo 2; 11-13 Palabra fiel es esta: Si somos muertos con él, también viviremos con él; Si sufrimos, también reinaremos con él; Si le negáremos, él también nos negará. Si fuéremos infieles, él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo.
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