¿Partícipe o espectador?
AVANZAR A PESAR DE LOS OBSTÁCULOS
“Prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.”
Filipenses 3:14
Si pensamos en una carrera, sabemos que existe una meta: llegar a la línea final.
Pero entre el punto de partida y la llegada aparecen obstáculos, cansancio, dificultades y momentos en los que quizás pensamos en abandonar.
Con nuestra vida pasa algo parecido.
Tenemos un propósito y un llamado de parte de Dios, pero eso no significa que el camino siempre vaya a ser fácil.
Hoy podemos aprender esto a través de la historia de Moisés.
Dios puede usar lo inesperado
En Éxodo 3:1-4, Moisés estaba cuidando las ovejas cuando vio algo completamente fuera de lo común: una zarza que ardía en fuego, pero no se consumía.
Podríamos preguntarnos:
¿Qué haríamos nosotros si una planta nos hablara?
Probablemente nos parecería algo imposible o extraño.
Pero detrás de esa zarza había un propósito.
Dios estaba llamando a Moisés para una tarea que cambiaría su vida.
A veces Dios también puede llamar nuestra atención de maneras que no esperamos. Puede poner delante nuestro oportunidades, personas o situaciones que nos lleven hacia aquello que Él tiene preparado.
Tenemos un propósito, aunque todavía no sepamos cómo se va a desarrollar.
Acercarnos a Dios con reverencia
Cuando Moisés se acercó, Dios le dijo:
“No te acerques. Quítate las sandalias, porque estás pisando tierra santa.”
Éxodo 3:5
Quitarse las sandalias era una señal de reverencia y humildad delante de Dios.
Antes de pensar en todo lo que Dios quería hacer a través de Moisés, Moisés tuvo que reconocer quién estaba delante de él.
También nosotros necesitamos recordar que Dios no es alguien más en nuestra vida.
Él merece nuestro respeto, nuestra obediencia y nuestra reverencia.
“Yo no puedo”
En Éxodo 3:6-13, Dios le explica a Moisés que quiere enviarlo a liberar al pueblo de Israel.
Pero Moisés empieza a poner excusas.
Se siente incapaz.
No se cree preparado.
No sabe cómo hacerlo.
Y quizás nosotros hemos sentido algo parecido.
Cuando Dios nos llama a hacer algo, podemos pensar:
“Yo no puedo.”
“No estoy preparado.”
“No sé cómo hacerlo.”
“Hay personas mejores que yo.”
Pero Dios nunca le pidió a Moisés que fuera solo.
Dios iba a estar con él.
Y eso también se aplica a nosotros.
Cuando Dios nos llama a hacer algo, no nos manda solos.
Él nos acompaña, nos guía y nos da los recursos que necesitamos.
Por eso, muchas veces la pregunta no debería ser:
“¿Puedo hacerlo yo?”
Sino:
“¿Estoy dispuesto a obedecer a Dios?”
No solamente saber: hay que accionar
Dios nos llama a hacer cosas que quizás nos cuestan.
Pero nuestra fe no puede quedarse solamente en palabras.
Somos llamados a ser luz y sal.
Y para eso tenemos que accionar.
Hay cosas que Dios pone delante nuestro que requieren que demos un paso, aunque tengamos miedo.
Obedecer a Dios a pesar de nuestros “peros” también es parte de nuestra fe.
Puede que la tarea parezca demasiado grande, pero si Dios nos llamó, podemos confiar en que Él va a proveer lo necesario.
“YO SOY”
En Éxodo 3:14-15, Dios se presenta a Moisés como “YO SOY”.
Esto nos muestra algo importante sobre su naturaleza:
Dios es estable y confiable.
Las personas pueden cambiar.
Las circunstancias pueden cambiar.
Nosotros podemos cambiar.
Pero Dios permanece siendo quien es.
Por eso podemos confiar en Él incluso cuando no sabemos qué va a pasar.
“¡Qué preciosos son para mí tus pensamientos, oh Dios! ¡No se pueden enumerar!”
Salmos 139:17-18
Dios conoce nuestra vida mucho más de lo que nosotros podemos comprender.
Dios conoce el camino
En Éxodo 3:18-20, Dios le explica a Moisés lo que sucedería.
Dios sabía lo que iba a pasar antes de que Moisés comenzara.
Y esto también puede darnos tranquilidad:
Dios conoce nuestro presente y nuestro futuro.
Cuando nosotros solamente vemos el próximo paso, Dios ya conoce todo el camino.
No tenemos que saberlo todo para obedecer.
Tenemos que confiar en quien sí lo sabe.
Dios no nos manda donde Él no va
En Éxodo 4:1, Moisés vuelve a tener dudas.
Pero Dios ya había mostrado que estaría con él.
Dios no le estaba diciendo:
“Andá solo y fijate cómo hacés.”
Le estaba diciendo, en otras palabras:
“Yo te envío y yo voy con vos.”
Cuando Dios nos entrega una misión, también provee los recursos para llevarla adelante.
Nos acompaña.
Nos guía.
Nos sostiene.
Por eso no tenemos que tener miedo de avanzar cuando sabemos que estamos caminando en el propósito de Dios.
Dios usa cosas ordinarias para algo extraordinario
En Éxodo 4:2-4, Dios le pregunta a Moisés qué tiene en su mano.
La respuesta era simple:
Una vara.
Algo completamente común.
Pero Dios podía utilizar algo ordinario para realizar algo extraordinario.
Y con nosotros sucede lo mismo.
Quizás pensamos que no tenemos mucho para ofrecer.
Tal vez creemos que necesitamos ser mejores, tener más conocimientos, más experiencia o mejores recursos.
Pero Dios puede usar lo que ya tenemos en nuestras manos.
Nuestros talentos, nuestro tiempo, nuestras capacidades, nuestras experiencias.
Lo importante no es tener algo extraordinario.
Es poner lo que tenemos en las manos de Dios.
Dios muestra su poder en nuestra debilidad
En Éxodo 4:6-7, Dios vuelve a mostrarle a Moisés su poder.
Y en los versículos 10-13 aparece nuevamente la inseguridad de Moisés.
Moisés le dice a Dios que no es bueno para hablar.
Pero Dios le responde:
“¿Quién ha hecho la boca del hombre?”
Éxodo 4:11
Dios sabía perfectamente las limitaciones de Moisés.
Y aun así lo había elegido.
Esto nos enseña algo importante:
No se trata de lo que nosotros podemos hacer solos. Se trata de lo que Dios puede hacer a través de nosotros.
No somos nosotros los que tenemos que brillar.
Somos llamados a reflejar su luz.
Dios no nos abandona por nuestras debilidades. Al contrario, muchas veces es justamente en nuestra debilidad donde podemos experimentar su poder.
¿Qué nos impide hacer la voluntad de Dios?
Finalmente, en Éxodo 4:14-18 vemos que Dios continúa guiando a Moisés y también le da ayuda para cumplir la misión.
Entonces podemos preguntarnos:
¿Qué es lo que hoy me está impidiendo hacer la voluntad de Dios?
Quizás es:
El miedo.
El “¿qué van a decir?”
Sentir que no somos capaces.
Pensar que no estamos preparados.
Tener miedo de equivocarnos.
Compararnos con otras personas.
Moisés también tuvo miedo y dudas.
Pero sus limitaciones no fueron más grandes que el Dios que lo estaba llamando.
No tengas miedo de avanzar
Dios puede llamarnos a realizar tareas que para nosotros parecen difíciles o incluso imposibles.
Pero cuando Él nos manda, Él también va con nosotros.
No tenemos que conocer todo el camino.
No tenemos que tener todas las respuestas.
No tenemos que sentirnos completamente preparados.
Tenemos que estar dispuestos a decir:
“Sí, Señor.”
Porque Dios ya conoce el camino.
Él tiene los recursos.
Él nos acompaña.
Él nos guía.
Y Él puede usar incluso aquello que nosotros consideramos pequeño o insuficiente.
Por eso, cuando aparezcan obstáculos en el camino, recordemos que tenemos una meta.
“Prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.”
Filipenses 3:14
Quizás hoy Dios te está llamando a dar un paso que te da miedo.
No tengas miedo.
No vas solo.
Dios está con vos en tus debilidades, en tus angustias y en cada desafío.
Y si Él te llamó a avanzar, confiá en que también va a acompañarte durante todo el camino.

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