Dios no viene a remedar lo viejo, Él nos hace completamente nuevos
DIOS HACE NUEVAS TODAS LAS COSAS
Dios no vino a remendar lo viejo. Él quiere hacernos completamente nuevos.
Jesús vino con un propósito: traer algo nuevo a nuestras vidas. No vino simplemente a mejorar algunas cosas de lo que ya éramos, sino a transformar nuestro corazón y nuestra manera de vivir.
Necesitamos nacer de nuevo
“Te aseguro que, a menos que nazcas de nuevo, no puedes ver el Reino de Dios.”
Juan 3:3
Jesús habló de la necesidad de nacer de nuevo.
Esto significa que seguir a Jesús no consiste simplemente en hacer algunos cambios externos. Es comenzar una nueva vida con Él.
“Esto significa que todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado, ¡una nueva vida ha comenzado!”
2 Corintios 5:17
Cuando estamos en Cristo, somos nuevas personas.
Pero muchas veces nos cuesta avanzar y recibir lo nuevo que Dios tiene para nuestra vida porque seguimos cargando con cosas de nuestra vida anterior.
Puede haber actitudes, pensamientos, heridas, costumbres o formas de vivir que todavía no estamos dispuestos a dejar.
No podemos abrazar completamente lo nuevo mientras seguimos aferrados a lo viejo.
El evangelio es vida
Jesús nos dio un mandamiento nuevo:
“Así que ahora les doy un mandamiento nuevo: ámense unos a otros. Tal como yo los he amado, ustedes deben amarse unos a otros.”
Juan 13:34
El evangelio no se trata solamente de cumplir reglas.
La religiosidad puede hacer que nos preocupemos tanto por aparentar que terminamos olvidando lo más importante: tener una relación real con Jesús.
El evangelio es vida.
Es transformación.
Es amor.
Es comenzar de nuevo.
Una nueva vida
“Pues hemos muerto y fuimos sepultados con Cristo mediante el bautismo. Y tal como Cristo fue levantado de los muertos por el poder glorioso del Padre, ahora nosotros también podemos vivir una vida nueva.”
Romanos 6:4
En Cristo podemos comenzar de nuevo.
Nuestra historia anterior no tiene que determinar quién vamos a ser.
Jesús nos da una nueva identidad y nos llama a vivir de una manera diferente.
Por eso Pablo dice:
“Dejen que el Espíritu les renueve los pensamientos y las actitudes; y pónganse la nueva naturaleza, creada para ser a la semejanza de Dios, quien es verdaderamente justo y santo.”
Efesios 4:23-24
Revestirnos del nuevo hombre significa permitir que Dios transforme nuestra manera de pensar y de vivir.
Somos llamados a ser personas que reflejen a Cristo.
Personas que sean luz.
Personas que marquen la diferencia.
No se trata de nosotros
“Por nuestra parte, no somos capaces de hacer nada por nosotros mismos; nuestra capacidad viene de Dios.”
2 Corintios 3:5
Nuestra transformación no depende solamente de cuánto sabemos, cuánto podemos hacer o qué tan preparados creemos estar.
Todo lo que tenemos es por gracia de Dios.
No se trata de quién sabe más, quién tiene más experiencia o quién parece más espiritual.
Necesitamos depender del Espíritu Santo.
Como dice 2 Corintios 3:6:
“La letra mata, pero el Espíritu da vida.”
La Palabra de Dios no está para que simplemente acumulemos conocimiento.
Está para transformar nuestra vida.
¿Somos odres nuevos?
En tiempos bíblicos, los odres eran recipientes hechos de cuero que se utilizaban para guardar líquidos, como el vino.
Jesús utilizó esta imagen para explicar que lo nuevo necesita un recipiente preparado para recibirlo.
Y podemos hacernos una pregunta:
¿Estamos preparados para recibir lo nuevo que Dios quiere hacer en nosotros?
A veces queremos que Dios haga cosas nuevas en nuestra vida, pero seguimos aferrados a nuestra vieja manera de pensar.
Queremos nuevos resultados, pero seguimos tomando las mismas decisiones.
Queremos crecer, pero no queremos cambiar.
Queremos que Dios transforme nuestra vida, pero seguimos poniendo límites a lo que Él puede hacer en nosotros.
Por eso necesitamos estar dispuestos a ser odres nuevos.
Una misma familia
Hay algo más que no podemos olvidar:
Somos creación de un mismo Padre.
No importa cuánto sepamos, qué talentos tengamos, de dónde vengamos o qué hayamos vivido.
Todos necesitamos de la gracia de Dios.
Y si somos parte de la misma familia, también estamos llamados a vivir en amor y unidad.
No podemos permitir que la religiosidad, el orgullo o nuestras diferencias nos hagan olvidar que todos necesitamos de Jesús.
¿Cómo nos estamos viendo?
Hoy podemos preguntarnos:
¿Me estoy viendo como un odre nuevo o sigo viviendo como uno viejo?
¿Estoy dispuesto a dejar atrás aquello que Dios me está pidiendo que suelte?
¿Estoy dispuesto a recibir lo nuevo que Dios tiene para mi vida?
¿Estoy viviendo una relación real con Jesús o solamente una religión?
Dios no quiere simplemente remendar nuestra vieja vida.
Él quiere hacer algo nuevo.
Cristo en nuestros corazones es lo nuevo.
Y cuando su verdad entra en nuestra vida, empieza a transformar todo.
No estamos llamados a quedarnos encasillados en lo que fuimos, en nuestros errores, en nuestras limitaciones o en lo que otros dicen de nosotros.
En Cristo hay una nueva vida.
Y Dios todavía tiene cosas nuevas para hacer en nosotros. 💛
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