Menos humano, más Espíritu

 

MÁS ALLÁ DE LO TERRENAL

Hoy vivimos en un mundo que podemos ver, tocar y sentir.

Tenemos responsabilidades, problemas, preocupaciones, relaciones, estudios, trabajo y muchas otras cosas que forman parte de nuestra vida cotidiana.

Pero dentro de todo eso existe una realidad que muchas veces dejamos de lado:

La realidad espiritual.

Cuando nos enfocamos demasiado en lo terrenal, podemos dejar de prestar atención a lo celestial y a los tesoros que Dios tiene para nosotros.

Hay cosas que buscamos obtener en este mundo, pero que lo terrenal nunca va a poder darnos.

Paz, propósito, dirección, fortaleza y una relación verdadera con Dios no se encuentran simplemente en lo que podemos ver o tocar.

Necesitamos una conexión con Dios y con el Espíritu Santo.

¿CÓMO NOS ACERCAMOS A DIOS?

Hay tres cosas fundamentales que nos ayudan a mantenernos conectados con Él:

FE, OBEDIENCIA Y ORACIÓN.

No se trata solamente de creer que Dios existe.

Es confiar en Él.

Obedecerlo.

Y mantener una comunicación constante a través de la oración.

DANIEL: UNA RESPUESTA QUE TARDÓ

En Daniel 10:12-13 encontramos a Daniel buscando a Dios con humildad.

Su oración había sido escuchada desde el primer momento.

Sin embargo, la respuesta tardó en llegar.

¿Por qué?

Porque había una batalla espiritual detrás de lo que Daniel no podía ver.

Esto nos enseña algo muy importante:

Que no veamos una respuesta inmediatamente no significa que Dios no nos haya escuchado.

Dios escucha nuestras oraciones.

A veces tenemos que atravesar procesos, pruebas y situaciones que no entendemos.

Pero Dios sigue teniendo el control.

Su respuesta llega en su tiempo.

Por eso no debemos dejar de orar simplemente porque todavía no vemos lo que estamos esperando.

¿Y SI PUDIÉRAMOS VER LO QUE NO VEMOS?

En 2 Reyes 6:15-17 encontramos a Eliseo y a su siervo rodeados por un ejército enemigo.

El siervo tuvo miedo porque solamente podía ver lo que estaba sucediendo en el mundo terrenal.

Pero Eliseo podía confiar en algo más:

Dios estaba con ellos.

Entonces Eliseo oró para que Dios le permitiera a su siervo ver la realidad espiritual.

Y cuando sus ojos fueron abiertos, pudo ver que los montes estaban llenos de un ejército celestial.

Esto nos deja una enseñanza:

A veces nuestra realidad no es solamente lo que nuestros ojos pueden ver.

Podemos estar atravesando una situación difícil y pensar:

“Estoy solo.”

“No voy a poder.”

“Esto es imposible.”

Pero Dios sigue estando presente, aunque no podamos verlo.

Por eso necesitamos aprender a mirar más allá de nuestras circunstancias.

LA HUMILDAD NOS ACERCA A DIOS

Muchas veces queremos resolver todo con nuestras propias fuerzas.

Queremos tener el control.

Queremos encontrar nuestras propias respuestas.

Y nuestro orgullo puede impedirnos reconocer que necesitamos de Dios.

La humildad significa poder decir:

“Señor, no puedo hacerlo solo. Te necesito.”

En 2 Reyes 6:24 en adelante vemos una situación extremadamente difícil para el pueblo.

No tenían una solución humana.

Y justamente ahí podemos aprender que hay situaciones en las que nuestras propias fuerzas no alcanzan.

Necesitamos buscar a Dios.

DIOS HACE LO IMPOSIBLE, PERO NOSOTROS TAMBIÉN TENEMOS QUE ACTUAR

En 2 Reyes 7:3-6 encontramos a cuatro hombres que estaban frente a una situación difícil.

Ellos podían quedarse sentados esperando que algo cambiara.

Pero decidieron avanzar.

Y mientras ellos caminaban, Dios hizo lo imposible.

Esto nos enseña que confiar en Dios no significa quedarnos sin hacer nada.

Hay momentos en los que Dios espera que demos un paso.

Nosotros hacemos lo que está a nuestro alcance.

Y Dios hace lo que nosotros no podemos hacer.

No tenemos que esperar tener todo resuelto para obedecer.

A veces simplemente tenemos que dar el primer paso.

LA HUMILDAD Y LA FE

En 2 Reyes 5:1-19 encontramos la historia de Naamán.

Era un hombre importante, pero tenía una enfermedad que no podía solucionar con su posición ni con sus recursos.

Tuvo que dejar de lado su orgullo y obedecer una indicación que, desde su perspectiva, podía parecer demasiado sencilla.

Pero cuando decidió humillarse y obedecer, experimentó el poder de Dios.

Esto nos recuerda que nuestra posición, nuestros recursos o nuestras capacidades no son suficientes para resolver todo.

Necesitamos a Dios.

Y muchas veces el primer paso es dejar nuestro orgullo a un lado.

¿DÓNDE ESTÁ NUESTRO ENFOQUE?

Vivimos en un mundo terrenal.

Tenemos cosas que hacer y problemas reales.

No podemos ignorar nuestra realidad.

Pero tampoco podemos permitir que lo terrenal nos haga olvidar lo espiritual.

Podemos estar tan preocupados por lo que vemos que dejamos de confiar en el Dios que no vemos.

Por eso hoy podemos preguntarnos:

¿Estoy mirando solamente mis circunstancias?

¿Estoy buscando a Dios en medio de ellas?

¿Estoy orando?

¿Estoy obedeciendo?

¿Estoy confiando aunque todavía no vea la respuesta?

Lo mejor que podemos hacer es presentarnos delante de Dios con humildad y fe.

Creer que Él escucha.

Creer que Él está presente.

Creer que puede hacer lo que nosotros no podemos.

Y confiar en que, aunque no podamos ver toda la realidad, Dios sí la ve.

Nuestra realidad no termina en lo que podemos ver.

Hay un Dios que está obrando aun cuando nuestros ojos no puedan verlo. 💛

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