Un regalo precioso


EL VALOR DEL REY QUE HABITA EN NOSOTROS

¿Cuándo piensan en un rey, en qué piensan?

MORALISMO

Rey humano:

  • Tiene mucha soberanía.

  • Por lo general, el rey vive en un lugar reservado.

  • Se mueve en un lugar muy cerrado.

Así es un rey convencional en el mundo.

Pero ¿cuándo pensamos en un rey como Jesús? ¿Qué cosas parecidas tienen?

Ninguna.

Él era completamente distinto. Un rey sin corona, caminó igual que nosotros como uno más.

Otra de las cosas que podemos recordar es que Él era muy sociable. De forma humilde, Él se juntaba con todos sin miedo alguno.

Rey de reyes:

  • Humilde.

  • Cercano.

  • Bondadoso.

Abierto a cualquiera que lo quiera conocer. Se acerca con amor, despojándose de sí mismo.

Filipenses 2:7

“En cambio, renunció a sus privilegios divinos; adoptó la humilde posición de un esclavo y nació como un ser humano. Cuando apareció en forma de hombre.”

Acá habla sobre lo que Él hace para acercarse a nosotros. Él baja a acercarse a nosotros, y eso que Él está arriba de todos.

Es muy curioso cómo Él cambia completamente el paradigma que tenemos.

Juan 13:3-5

“Jesús sabía que el Padre le había dado autoridad sobre todas las cosas y que había venido de Dios y regresaría a Dios. Así que se levantó de la mesa, se quitó el manto, se ató una toalla a la cintura y echó agua en un recipiente. Luego comenzó a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura.”

Él se despoja a sí mismo. Eso es que está a disposición de todos.

La seguridad de Él no está en la riqueza, sino en el Padre.

Él es el mismísimo Rey de reyes, el Príncipe de Paz, Hijo de Dios, el Mesías.

Jesús rebaja todo lo que Él es para acercarse a nosotros.

Jesús, cuando fue hombre, fue Rey entre los marginados, Dios entre su pueblo.

VALORES

¿Cuándo te das cuenta del valor de las cosas?

Cuando lo perdemos nos damos cuenta de cuál es el valor de las cosas.

Juan 1:16

“De su abundancia, todos hemos recibido una bendición inmerecida tras otra.”

La palabra clave es inmerecida.

Nos da algo de forma gratuita, algo que no nos merecemos.

Cuando habla del regalo que no merecemos, es algo que viene de arriba, ya que nadie merece lo que Él nos dio, pero Él quiso dárnoslo.

Romanos 3:24-25

“Sin embargo, en su gracia, Dios gratuitamente nos hace justos a sus ojos por medio de Cristo Jesús, quien nos liberó del castigo de nuestros pecados. Pues Dios ofreció a Jesús como el sacrificio por el pecado. Las personas son declaradas justas a los ojos de Dios cuando creen que Jesús sacrificó su vida al derramar su sangre. Ese sacrificio muestra que Dios actuó con justicia cuando se contuvo y no castigó a los que pecaron en el pasado.”

Remarcamos lo mismo: tiene mucho valor.

Muchas veces el problema es que, al ser algo gratuito, nos cuesta darnos cuenta del valor que tiene.

DESPRECIO E IGNORANCIA

Hebreos 12:16-17

“Asegúrense de que ninguno sea inmoral ni profano como Esaú, que cambió sus derechos de primer hijo varón por un simple plato de comida. Ustedes saben que después, cuando quiso recibir la bendición de su padre, fue rechazado. Ya era demasiado tarde para arrepentirse, a pesar de que suplicó con lágrimas amargas.”

Esaú y Jacob

Esaú y Jacob eran hermanos gemelos, hijos de Isaac y Rebeca. Desde su nacimiento, los dos hermanos eran muy diferentes.

Esaú, el mayor, era pelirrojo y cazador, mientras que Jacob, el menor, era más tranquilo y se dedicaba a cuidar el hogar.

Una vez, Jacob compró la primogenitura de Esaú por un plato de lentejas, ya que Esaú estaba hambriento después de una jornada de caza.

La primogenitura otorgaba derechos especiales y una mayor herencia.

Más tarde, con la ayuda de su madre Rebeca, Jacob engañó a su padre Isaac, que estaba ciego, para recibir la bendición que correspondía a Esaú.

Isaac, creyendo que estaba bendiciendo a Esaú, le otorgó a Jacob todas las bendiciones que eran para el primogénito.

Ellos se pelearon por la primogenitura.

Así de poco Esaú despreció eso. Justamente habla sobre lo profano: habla sobre el desprecio, no muestra el respeto hacia eso sagrado y escasea de conocimiento.

Él no entendía sobre ese regalo valioso y por la ignorancia lo perdió.

David

1 Samuel 16:10-12

“De la misma manera, Isaí le presentó sus siete hijos a Samuel. Pero Samuel le dijo:
—El Señor no ha elegido a ninguno de ellos.

Después Samuel preguntó:
—¿Son estos todos los hijos que tienes?

—Queda todavía el más joven —contestó Isaí—. Pero está en el campo cuidando las ovejas y las cabras.

—Manda llamarlo de inmediato —dijo Samuel—. No nos sentaremos a comer hasta que él llegue.

Entonces Isaí mandó a buscarlo. El joven era trigueño y apuesto, y de hermosos ojos.

Y el Señor dijo:
—Este es, úngelo.”

A los ojos del hombre, David era una persona insignificante. Nadie lo tenía en cuenta.

1 Samuel 16:6-7

“Cuando llegaron, Samuel se fijó en Eliab y pensó: «¡Seguramente este es el ungido del Señor!».

Pero el Señor le dijo a Samuel:
—No juzgues por su apariencia o por su estatura, porque yo lo he rechazado. El Señor no ve las cosas de la manera en que tú las ves. La gente juzga por las apariencias, pero el Señor mira el corazón.”

A David no lo tenía en cuenta ni su propio padre.

Pero el valor de las cosas no es lo físico, sino el corazón. Ese es el verdadero valor.

Nosotros no comprendemos ese valor hasta que lo perdemos.

UN REGALO PRECIOSO

Juan 14:15-17

“Si me aman, obedezcan mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre, y él les dará otro Abogado Defensor, quien estará con ustedes para siempre. Me refiero al Espíritu Santo, quien guía a toda la verdad. El mundo no puede recibirlo porque no lo busca ni lo reconoce; pero ustedes sí lo conocen, porque ahora él vive con ustedes y después estará en ustedes.”

Acá habla más sobre el Espíritu Santo, es algo sumamente precioso para nosotros.

Juan 14:20

“Cuando yo vuelva a la vida, ustedes sabrán que estoy en mi Padre y que ustedes están en mí, y yo, en ustedes.”

El Espíritu Santo es algo que nos une.

El Rey de reyes se bajó con nosotros y quiere que nos unamos a través del Espíritu Santo, ese regalo sin igual.

1 Corintios 6:10

“Ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.”

Nuestro templo es el templo del Espíritu Santo.

Entonces, seamos el templo de Él.

La historia de Hageo

Hageo es conocido por animar a los judíos a reconstruir el Templo de Jerusalén después de su regreso del exilio en Babilonia.

Resalta la importancia de poner a Dios en primer lugar y trabajar juntos en la restauración del templo.

Todo lo que se habla es sobre la reconstrucción del templo, y él les decía que vivían en casas lujosas y el templo estaba en ruinas.

Nosotros a veces hacemos eso.

Hacemos altares a otras cosas y el de Dios lo tenemos en ruinas.

¿Quién habita en nuestro templo?

¿Cómo está nuestro altar?

Tenemos un regalo precioso que es Dios, el Rey de reyes, que habita en nosotros.

Muchas veces nos olvidamos de su valor.

El llamado es tener el templo bien, darle el tiempo que necesita.

Sepamos el valor que tiene ese regalo para nosotros.

Sepamos adorarlo como Él merece.


Un rey en este mundo se valora de lo mejor. Es exaltado, alabado, rico, poderoso.

Más el Rey que quiere habitar en nosotros, el mismísimo Rey de reyes, se despojó de sí mismo, se humilló, lavó nuestros pies.

Pagó con su sangre por un siervo.

Volteó por completo el tablero del juego para vos. Y quiere habitar en vos.

Valoremos ese regalo inmerecido.

¡Cuidemos del Espíritu de Dios en nosotros!

No podemos ser un templo en ruinas.

Alzamos templos o casas que no se merecen y menospreciamos lo más precioso que tenemos.

No seamos como Esaú, seamos enamorados de Dios como David.

Honrar a Dios es prioridad.

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