¿Como está nuestra bateria?
Juan 3:1-5 NTV
“Había un hombre llamado Nicodemo, un líder religioso judío, de los fariseos. Una noche, fue a hablar con Jesús: —Rabí —le dijo—, todos sabemos que Dios te ha enviado para enseñarnos. Las señales milagrosas que haces son la prueba de que Dios está contigo. Jesús le respondió: —Te digo la verdad, a menos que nazcas de nuevo, no puedes ver el reino de Dios. —¿Qué quieres decir? —exclamó Nicodemo—. ¿Cómo puede un hombre mayor volver al vientre de su madre y nacer de nuevo? Jesús le contestó: —Te digo la verdad, nadie puede entrar en el reino de Dios si no nace de agua y del Espíritu.”
Habla de nuestra vida pasada cuando aceptamos a Jesus. Si no nacemos de nuevo, no entraremos al reino de Dios.
Trata sobre el nuevo nacimiento espiritual y de la transformación interior. Cuando aceptamos a Jesus, el Espíritu Santo viene a morar en nosotros. A veces le pedimos al espíritu santo que venga a nosotros cuando sentimos que estamos un poco alejados, pero en realidad tendríamos que pedirle que podamos escucharlo.
Muchas veces aceptamos a Cristo pero no hay transformación. Entonces, si no hay cambio, no nacimos de nuevo.
El nacimiento en el Espíritu es la experiencia de cuando la persona es transformada y recibe una vida espiritual. Antes de recibirlo nuestro espíritu estaba muerto.
Nicodemo era fariseo y judío y por eso no entendía. Por mas que seamos cristianos de toda la vida o hayamos nacido en la iglesia, no significa que hayamos tenido ese encuentro.
Si lo vemos como la bateria del celular, ¿en que porcentaje estamos?
1 Tesalonicenses 5:19 NTV
“No apaguen al Espíritu Santo.”
Tenemos el Espíritu Santo, pero es responsabilidad nuestra de cuanto avivamos esa llama.
Del 0 al 100, ¿como está mi batería del Espíritu Santo?
La “bateria” que tengamos, implica en la capacidad de cuanto le permitimos al Espíritu Santo que influya y trabaje en nuestras vidas, en cuantas áreas les dejamos que entre y en cuantas no.
El lugar que le dejamos al Espíritu Santo, se manifiesta a través de los dones espirituales, acciones y demás. Desestimar o ignorar al Espíritu Santo, puede llevarnos a una vida espiritual estancada o incluso muerta.
En los momentos de desánimo o incertidumbre es fácil que nuestra fe se apague.
Este versículo nos recuerda la responsabilidad de mantener el fervor del Espíritu. La oración, comunión con otros creyentes, la obediencia a su voz.
Es una promesa, porque al permanecer abiertos al Espíritu Santo podemos experimentar la plenitud de la vida cristiana. Nos invita a ser agentes de cambio en nuestras vidas y también para los que nos rodean.
Dejemos que el Espíritu entre en cada lugar y estemos pendientes de cuales son esas partes en las que no dejamos que entre, para que podamos ser transformados nosotros primeramente, pero que también al cuidar la llama del Espíritu Santo, podamos transmitir eso que no se puede explicar con palabras, para que nuestro entorno también pueda ser transformado.
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