¿De qué estamos dependiendo?


¿De qué estamos dependiendo?

Muchas veces, sin darnos cuenta, entregamos el control de nuestra vida a otras personas, cosas o situaciones. Dejamos que eso determine lo que hacemos, lo que sentimos o incluso nuestras decisiones.

En la naturaleza existen relaciones llamadas mutualismos. Son relaciones biológicas entre dos organismos diferentes en las que ambos obtienen algún beneficio. Es decir, ambos dependen de esa relación de alguna manera y encuentran algo que necesitan en el otro.

Hormigas y pulgones

Las hormigas y los pulgones tienen una relación de mutualismo. Los pulgones producen una sustancia dulce llamada melaza, que sirve de alimento para las hormigas. A cambio, las hormigas los protegen de algunos depredadores.

Cada uno obtiene un beneficio de la relación: los pulgones reciben protección y las hormigas reciben alimento.

Cebras y avestruces

Las cebras y los avestruces también pueden beneficiarse al estar juntas. Tienen sentidos diferentes que les permiten detectar posibles peligros. Las cebras tienen un buen oído y olfato, mientras que los avestruces tienen una excelente visión y pueden detectar amenazas desde lejos.

De esta manera, la presencia de una puede ayudar a la otra a detectar peligros.

En la naturaleza, estas relaciones pueden ser beneficiosas.

Pero nosotros también podemos crear vínculos de dependencia. Y acá aparece una diferencia importante: no toda dependencia que construimos es saludable.

Podemos llegar a depender de una persona para sentirnos bien, de la aprobación de otros para sentirnos seguros, de un objeto para sentir que no nos falta nada o de determinadas actividades para escapar de lo que sentimos.

Y cuando algo o alguien comienza a ocupar un lugar que solamente le corresponde a Dios, nuestra dependencia puede terminar haciéndonos daño.

Por eso tenemos que preguntarnos:

¿De qué estamos dependiendo?

¿Estamos cuidando nuestro corazón?

“Cuida tu corazón más que otra cosa, porque él es la fuente de la vida.”
Proverbios 4:23 RVC

Dios nos llama a cuidar nuestro corazón.

Pero cuando nuestra seguridad, nuestra tranquilidad o nuestra felicidad dependen completamente de una persona o de algo, podemos preguntarnos:

¿Realmente estamos cuidando nuestro corazón?

Muchas veces buscamos seguridad en cosas que no son de Dios.

Quizás nos acostumbramos a recurrir siempre a la misma persona cuando nos pasa algo. Quizás necesitamos constantemente la aprobación de otros. Quizás sentimos que no podemos estar bien si no tenemos determinada cosa o si no estamos haciendo determinada actividad.

Y podemos preguntarnos:

  • ¿Dependemos completamente de Dios?

  • ¿De qué estamos llenando nuestra vida?

  • ¿Qué pasaría si no tuviéramos a esa persona o esa cosa?

  • ¿A quién le contamos corriendo todo lo que nos pasa?

  • ¿Qué es lo que realmente nos da seguridad?

A veces dependemos mucho más de alguien o de algo de lo que creemos. Puede ser algo a lo que simplemente nos acostumbramos o incluso algo que aprendimos desde hace mucho tiempo.

Pero que algo sea habitual no significa que sea saludable.

Cuando dejamos la fuente

“Me han dejado a mí, que soy fuente de agua viva, y han cavado sus propios pozos, ¡tan agrietados que no retienen el agua!”
Jeremías 2:13 RVC

Cuando Dios deja de ser quien llena nuestras heridas y nuestras necesidades más profundas, comenzamos a buscar otras fuentes.

Construimos nuestras propias “cisternas”.

Buscamos en personas, cosas o situaciones aquello que solamente Dios puede llenar. Pero esas cisternas están agrietadas: pueden darnos satisfacción por un momento, pero no pueden sostenernos para siempre.

El Señor es la fuente de agua viva.

En Él podemos encontrar seguridad, descanso, amor y propósito sin tener que correr detrás de otras cosas para sentirnos completos.

No estamos solos

“Todo el tiempo pienso en ti, Señor; contigo a mi derecha, jamás caeré.”
Salmos 16:8 RVC

No estamos solos.

Aunque muchas veces no podamos verlo, Dios siempre está con nosotros.

“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en todos los problemas.”
Salmos 46:1 RVC

Él está para ayudarnos en nuestras dificultades.

Por eso necesitamos identificar quién y qué está ocupando nuestra seguridad.

Cuando algo nos pasa, ¿a quién corremos primero?

Cuando tenemos miedo, ¿dónde buscamos refugio?

Cuando estamos mal, ¿qué hacemos para sentirnos mejor?

Podemos llevarlo a Dios

“No se preocupen por nada. Que sus peticiones sean conocidas delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias, y que la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guarde sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.”
Filipenses 4:6-7 RVC

Dios no nos pide que atravesemos todo solos.

Podemos hablar con personas, pedir ayuda y permitir que otros nos acompañen. Pero nuestra dependencia principal tiene que estar puesta en Dios.

Las personas pueden acompañarnos, pero solo Dios puede ser nuestra fuente.

Él nos sostiene

“Yo soy el Señor, tu Dios, que te sostiene por la mano derecha y te dice: «No tengas miedo, que yo te ayudo».”
Isaías 41:13 RVC

Dios nos sostiene incluso cuando sentimos que no podemos más.

“Aunque mi cuerpo y mi corazón desmayan, tú, Dios mío, eres la roca de mi corazón.”
Salmos 73:26 RVC

Podemos sentirnos débiles, confundidos o cansados, pero Él sigue siendo nuestra roca.

En su presencia hay plenitud

“El Señor es mi pastor; nada me falta. En campos de verdes pastos me hace descansar; me lleva a arroyos de aguas tranquilas.”
Salmos 23:1-2 RVC

“Tú me enseñas el camino de la vida; con tu presencia me llenas de alegría.”
Salmos 16:11 RVC

En su presencia hay plenitud.

No necesitamos llenar nuestro vacío con otras cosas porque Él es el agua viva.

Muchas veces nuestro corazón corre detrás de diferentes personas, cosas o situaciones buscando aquello que necesita. Pero cuando encontramos a Dios, entendemos que Él era la fuente que estábamos buscando.

¿A quién tenemos?

“¿A quién tengo en los cielos? ¡Solo a ti! ¡Sin ti, no quiero nada aquí en la tierra!”
Salmos 73:25 RVC

Podemos tener personas que amamos, amigos, proyectos, sueños y cosas que disfrutamos. Todo eso puede formar parte de nuestra vida.

Pero ninguna de esas cosas puede ocupar el lugar de Dios.

Por más que nos cueste y aunque haya dependencias que todavía no podamos reconocer, podemos pedirle a Dios que nos muestre qué cosas están tomando un lugar que no les corresponde.

Que podamos aprender a depender cada día más de Él, permitiendo que llene nuestro corazón de gozo y nos ayude a atravesar las dificultades sin vivir con amargura.

Porque podemos sentirnos solos incluso estando rodeados de personas, pero nunca estamos solos.

Dios está con nosotros.

Él es nuestra fuente.
Él es nuestro refugio.
Él es nuestra roca.
Él es nuestro pastor.

Y cuando nuestro corazón encuentra en Él lo que realmente necesita, deja de correr detrás de otras cosas.

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